miércoles, 20 de agosto de 2014

"Quien nomina, domina".

Todo es una puja de poder y de sentido, hasta en los ámbitos más micro y más privados. Es impresionante como relaciones que uno creía exentas de los pequeños manejos mutantes de lo mercantil y patriarcal, en situaciones límite, se expresan en todo su esplendor como una reproducción de todo aquello.

Me hace sentir ingenua el confiar al olvido los manejos dicotómicos de la cotidianeidad, tan lejanos o trabajados o develados para que no existan más cuando, en realidad, siguen presentes en todo contenido.

Cuando gente varia me hablaba de lo horrible del devenir humano, de lo muertas que están las redes de relaciones de apoyo mutuo, me recuerdo levantando bandera de que no, de que existen situaciones alternativas y que es menester ampliarlas, comunicarlas y reproducirlas. Hoy, devastada, frustrada, no encuentro energías para levantar lema alguno, no encuentro manera de sobrevivir al desencanto -y eso que creo que al desencanto se lo debería eliminar de raíz-.

Es difícil plantarse en un lugar de cooperación y escucha, y discutir y pelear por ideales colectivos cuando todo está organizado de otra manera, cuando los compartimientos de significado son estancos, cuando no se respeta al que presenta alguna alternativa. Pareciera que lo cómodo es, justamente, la vida cómoda, fácil, esperable y predecible. Pareciera que lo cómodo, lo fácil, lo esperable y predecible incluye no meterse en la baldosa del otro, porque la privacidad es lo todo y los ideales individuales el máximo sueño a alcanzar.

jueves, 14 de agosto de 2014

Que mucho de mi está vacío y desconocido
Que soy un ente sin decisión
Que si todo me es indiferente
No es por ser impermeable
Es por no saberme

¿Por qué escribir?

¿Por qué público? No sé. Me mueve la incertidumbre, la posibilidad de que mis inquietudes puedan despertar otras inquietudes, de que mis lamentos o alegrías puedan ser sentidos por otra persona también. Que, en alguna de esas oportunidades, alguien encuentre en mis palabras la expresión de lo que no podía expresar con las suyas. Un ejemplo, una guía, un estilo que guste o que no guste. Acá estoy.

Escribo cuando lo que pienso o siento sobrepasa mi capacidad de soportarlo mental o físicamente. Escribo cuando tengo la certeza de que si no lo pongo en palabras, no lo exteriorizo, se pierde, se transforma, se diluye. Escribir es una manera de recordar, de retratar con fecha y hora -y palabras precisas- un instante que no quiero perder (o que quiero expulsar de mi ser).

Escribo de manera muy tajante, con palabras fuertes, como si todo fuese definitivo, como si todo pesase tanto como lo expreso, como si cayera y me asentara permanentemente en cada momento que describo. Así, parezco exagerada y de profundas convicciones, de banderas en alto, de camino bien marcado. Nada más alejado de la realidad (o de lo que yo creo que soy).

En un momento así, de confusión y desesperación personal, de no poder soportar el hecho de que el peso de las palabras que utilizo para escribir realmente signifiquen eso para mi, que realmente me hagan doler, o inquietarme tanto como para no poder conciliar el sueño, escribo. Elijo esta opción porque significa para mi un diálogo introspectivo que abandoné estos últimos años. Escribir -y escribirme- es, para mi, encontrarme.

Cabe decir que el devenir humano es relacional, contextual e histórico, así que lo que escribo no se agota en mi propia perspectiva cerrada, sino en vivencias que se filtran según el punto de vista en el que me pare. Encontrarme es, entonces, facilitar el contacto con los demás a mi alrededor, buscar, entender y tener presente ese punto en el que estoy parada y de allí prestar más atención a lo que digo, hago, expreso. Es un proceso que intenté realizar sin conocerme siquiera, asumiendo ridículamente que podría avanzar sin esa base.

Me veo condenada a vivir conmigo misma, con una persona que -al parecer- rechacé desde que tengo memoria. Una persona que se escinde en distintos ámbitos -yo, la estudiante, la trabajadora, la referente, la hermana, la hija, la amiga- sin terminar de ser. Ingenua, de parámetros estancos y dificultades para crecer. Si para relacionarme con los demás debo conocerme, y si para conocerme deba encontrarme, y si para ello deba escribir, acá estoy. Abandonarme ya no es una opción -me vi anexada a este cuerpo y personalidad-, así que hay que ponerse a trabajar.

domingo, 10 de agosto de 2014

La enfermedad.

Hacés que no me importe nada más que el instante preciso en el que me sitúo junto a vos. En verdad, en ese momento, bailo por dentro al compás de tu voz y ya nada me toca: me reduzco físicamente y me vuelvo ánima en vuelo, suelta, feliz, curada al fin.

De raíces y alas.

Si hay algo que no elegí es el estar constantemente rodeada de niños. Históricamente, no me gustaron. Recuerdo caminar por el patio de mi colegio y verme acorralada de infancias corriendo y sentirme incómoda y molesta. Siempre quise alejarme lo más posible de todo aquello que representara la niñez.

Desde hace cuatro años que casi todos mis ámbitos están rodeados de presencias infantiles. Todos mis pensamientos, todas mis luchas, todas mis inquietudes rondan en torno a la minoría de 18 años. Levanto bandera de defensa protectora maternal, de grito humano pelado cuando tocan lo intocable, que son ellos. 

No sé qué pasó, que giro dramático dio mi vida como para pasar de sentir a los niños como lejanos, incomprensibles e inabordables, a defender su vida, sueños y derechos como lo más santo que existe. A sentir, como nunca sentí en mi vida, un amor profundísimo por nombrecitos que corren y se ensucian y juegan. Y es que son lo máximo de lo divino, lo más alto de lo creativo, lo fuerte, lo inquebrantable. Son la búsqueda más inexorable de lo coherente, de necesidad expresa de que los sucesos y dichos tengan sentido. 

Son, a la vez, lo más vulnerable. Lo más lastimado, lo más abandonado y falto de límites. Lo más manipulado, lo más quebrado. Lo más incomprendido. 

Y eso que jamás quise compartirme o que aprendan de mi. El no sentirme algo que se deba reproducir, a la vez que se me apela constantemente a estar en presencia activa de niños que absorben todo lo que viven, me hizo estar en jaque durante mucho tiempo. Ser un ejemplo, que se espere una acción,  un acompañamiento, una demostración de cariño, o la palabra precisa y justa, obligó a reconstruir y limar muchos aspectos de mi. No dar respuesta nunca fue una opción, así que tuve que armarme de herramientas. 

jueves, 7 de agosto de 2014

Arrástrenme al medio, muchachos.

Que el lente con el que se mira permea la perspectiva no es noticia. Lo inédito es que se me desvele el corazón -como siempre-, que se me funda el pecho -como siempre-, pero esta vez de alegría. 
Esto tan bello de sentir, tan extremo de vivir, tan contagioso y expansivo, tan efímero, tan tan... Otra vez tan tan. Saltar de una punta a la otra a las zancadas representa mi mayor virtud y mi mayor defecto. 
Que puedo ser una rajadura de frustración o un ente de profundo amor y grito ardiente lo sé. Que ambos se contagian, lo sé. Que debo cuidar a la gente a mi alrededor, lo sé. Que uno debe asumir las consecuencias de sus palabras, lo sé. Que debo ser más gris, que debo ser más gris, que debo ser más gris.

Sino, no hay negociación, ni tranquilidad, ni un panorama claro para tomar una decisión. Porque el lente -frustrado o alegre- permea la visión.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Jóvenes que son nombrados para ser excluidos.

"La seguridad es un tema omnipresente en el debate público. Los modos en que se debate no son inocuos: reclaman y legitiman determinadas políticas públicas, y tienen consecuencias también sobre los sujetos sociales. Los relatos periodísticos de la inseguridad reflejan determinadas tendencias o estados de ánimo de la sociedad al mismo tiempo que las moldean, recortando segmentos de la realidad, definiendo víctimas y victimarios, estableciendo categorías de culpabilidad, convalidando formas de violencia.

En la mayoría de los casos, las noticias policiales sobre inseguridad responden a parámetros pre-establecidos: se trata de delitos contra la propiedad privada, cometidos por jóvenes de sectores populares. La palabra funciona en muchas oportunidades como un acto violento, y se constituye en habilitante de otros tipos de violencia sobre estos jóvenes que son nombrados para ser excluidos".

lunes, 4 de agosto de 2014

Hemorragia u olvido.

Que esto no vale la pena, ya lo sé. Porque esta pena me envenena: me hace levantar retorcida entre las sábanas. No me deja descansar.

La vida fácil.

  Sorprende cómo una situación de completa comodidad puede generar un profundo descontento, extendido en el tiempo, durante años y años. 
  Jóven de 21 años, clase media. Bandeja de oro, desayuno en la cama, familia protectora, servicios que jamás faltaron. Relaciones sociales deficitarias por implicar un esfuerzo, un movimiento de recursos y fuerzas que una infante caprichosa no estaba dispuesta a hacer. Lo más dificultoso en mi vida fue aprender que el mundo no giraba a mi alrededor. 
  ¿Quién soy yo, ente individual, que jamás aprendió a compartir ni a relacionarse? ¿Por qué la elección de mi carrera, por qué el descuidar todo sueño, por qué esperar a que me digan qué hacer? 
  ¿Dónde están mis opiniones, mis gustos, mis potencialidades?
  ¿Por qué el sentimiento de desprotección tan presente, tan constante, tan tangible? 
  ¿Cómo aprendo? ¿Quién me va movilizar si hoy, año 2014, todo me sigue lloviendo, cayendo de arriba? 
  No sufro por sufrir. Sufro por no conseguir algún objetivo. Y ese sufrimiento es producto de un capricho, de reducir mi vida entera a un eje, un ente, una misión que, sino se cumple, me hace sentir derrotada. 
  Teniendo todo servido no aprendí ni cómo sentir. No sé querer, no sé dolerme. 

martes, 22 de julio de 2014

miércoles, 16 de julio de 2014

un enredo descomunal

"Corro riesgo de hacer explotar el volcán
que vive dentro mío.
Corro riesgo de tener pesadillas
durante la noche.
Corro riesgo y siempre lo corrí
desde el día que pisé la tierra,
desde el día en que mi cabeza
comenzó a emitir sonido.
Es como un disco de vinilo
con una sola balada.
Una sola línea,
las mismas palabras.
Y aunque los años vayan aumentando
el volumen de mi voz,
la única que se escucha
no es la única que escucho yo.
Incrementando la incredulidad de mis palabras
haciendo que mis visiones sean vanas,
como la mayoría de mis canciones,
las voces que no llevan nombre
viven para alimentarse
de lo que ellas mismas producen".



12/2009

aprender/ desaprender/ aprender

"Le arrebataron el casco y las botas, le rompieron el uniforme, y debajo de todo eso sólo quedó una persona. Nada más que una persona. El mundo se volvió infinito, parpadeé y me di cuenta que sólo era una persona. Una persona nada más, como las demás. Se amplió mi campo de visión, me percaté de la existencia de otra gente, de otras caras, otros ojos, otras risas. Mientras tanto, el ex soldado había quedado al descubierto, repitiendo una y otra vez "¡siempre lo fui! ¡siempre fui una persona!". Acabó siendo una persona, nada más y nada menos que una persona, sin casco, sin uniforme, sin historia. Sin ser ningún héroe. Sin salvarme de ningún mal. Él era una persona, así como las demás".


12/2009
"te partiría la voz en mil gritos, las manos en mil puños, y los ojos en miles de lágrimas
o por lo menos así es cómo te presentás ante mi persona desde que te conozco".

05/2011
"Quiero escribirte un arrullo
para que descanses (no tanto duermas, sino descanses)
(sino silencies la cabeza y el corazón un rato)
(y te deje de doler el pecho)
(y te deje de comer la angustia)

a descansar del estanque
a descansar del maravilloso dolor de crecer".

martes, 15 de julio de 2014

Y te juzgas sin tiempo.

"No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
NO RESERVES DEL MUNDO
SÓLO UN RINCÓN TRANQUILO
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
(...)".
Vengan
vuelvan temblores
vuelvan apretones
puñetazos
y retorcijos del corazón
vuelvan las noches de insomnio
y las tardes de angustia
que vuelvan esas energías faltantes
ese sueño constante
que vuelvan las voces
los gritos
y los reproches
que vuelvan los llantos
y arranques de ira
los recuerdos
el desencanto
vengan, vuelvan
intenten abrumarme
acá voy a estar parada
de pie
descansada
atenta y contenta
dispuesta a luchar

sábado, 5 de julio de 2014

De tanta exigencia me volví fría.

verte crecer así, de victoria en victoria
hace que en mi pecho crezca un no sé qué
tan no sé qué
que me dan ganas de crecer a mi también
de que me crezca el pecho para que quepa aún
más no sé qué
de tanta violencia absorbida
se pierde la capacidad del habla

domingo, 29 de junio de 2014

hay una fuerza ajena
que me arranca del suelo
rompe mis raíces
y me lleva caminando
hacia otros rumbos


sábado, 28 de junio de 2014

"Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir (...)
El que no lucha, se estanca, como el agua.
El que se estanca se pudre".

tironeo constante en el que me llevo a cabo

"Pareciera que la vida me enfureciese a cada minuto. No soporto el ir y venir diario, el estar sin estar y el ser sin ser. Me altera no encontrar aquello que me haga sentir en mi casa, que responda por fin a mi necesidad de dejar de sentir peligro en todos lados.

Vivo por el hecho de estar jugando constantemente a ganar o perder conmigo misma, para seguir apostando y seguirme tirando la existencia al hombro, empobreciéndola, gastándola.

No siento nada, porque la tristeza de hoy es mi risa de mañana, y así sucesivamente, porque nada importa, o nada me importa a mí, más que seguir inventando razones y contradicciones, y dolores, desamores y alegrías para condimentar un poquito más mi aburrida existencia, insulsa, insípida".

01/2013

lunes, 26 de mayo de 2014

tan tan

esto que elijo hacer
que elegimos hacer nosotros (esta minoría tan tan)
implica dejar de dejarse hablar y actuar
por palabras y manos ajenas
tan tan ajenas e importadas
que jamás responderán ninguna cuestión
sin pasarlo por el filtro del odio descentralizado

suprimimos nuestra identidad calcando culturas lejanas
sin arraigo en nuestra historia ni experiencias
de destrucción y opresión colectivas

y si los despreciados somos mayoría
y si todas las categorías implican que nos excluyan
y si todas las definiciones nos hacen ver atrasados
¿no habrá algo que de base esté mal planteado?

¿por qué no atacar las teorías?

domingo, 20 de abril de 2014

A la sacadita, no se la escucha. A la sacadita, no se la entiende. La sacadita siempre sacada será y responderá de esa manera ante cualquier situación.

Quiero dejar de enojarme. Quiero dejar de enojarme en cada situación, como primer respuesta a todo estímulo, como solución obvia a todo conflicto que se me presenta. Siento que estallo cuando me callan, estallo cuando me gritan, cuando no me entienden- ni hacen el esfuerzo para hacerlo-. Estallo constantemente cuando pido ayuda -y la puta madre, ¡cómo me cuesta pedir ayuda!- y no hay respuesta. Y empiezo a sentir fuego en el pecho, que se retroalimenta al pasar el tiempo, y emergen en mi cabeza un millón de conclusiones que se contradicen entre sí. Y ahora la que se grita, se calla, y no se deja hablar soy yo, entre mis múltiples voces, entre mi enquilombado cúmulo de bronca, y vocifero "basta, loco, basta, dejá de enojarte", y empiezo a pensar que fue injusto, que yo no hice nada para merecer tal descaro, tal desprecio, tal maltrato -que son reales, no los invento, que son tan graves en mi cabeza que no tengo la habilidad de concentrarme en otra cosa-.
¿Por qué me enojo tanto? ¿Por qué pierdo el encanto de vivir cada vez que algo me irrita? En esos momentos de soledad y automutilación deseo desaparecer, porque no tengo ganas de estar así, porque me convenzo de que es un ciclo que se reproduce y que me va a seguir consumiendo energía en vano.
Basta. Basta. Me duele mucho intentar y que ya todo a mi alrededor esté organizado de tal forma que las clasificaciones pesan tanto que terminan permeando mis relaciones. Más me animo a decir que todo está pensado como si fuese estanco, como si yo fuese la misma que hace un año, o hace dos días, y como si fuese a responder a los mismos estímulos de la misma manera. ¿Debo aclarar, entonces, que yo crezco, que la gente crece, y que todo se transforma? Siento que al intentar salir de este casillero se me vino encima una marea de gente que me empuja y me apela a volver a meterme en él.