jueves, 14 de agosto de 2014

¿Por qué escribir?

¿Por qué público? No sé. Me mueve la incertidumbre, la posibilidad de que mis inquietudes puedan despertar otras inquietudes, de que mis lamentos o alegrías puedan ser sentidos por otra persona también. Que, en alguna de esas oportunidades, alguien encuentre en mis palabras la expresión de lo que no podía expresar con las suyas. Un ejemplo, una guía, un estilo que guste o que no guste. Acá estoy.

Escribo cuando lo que pienso o siento sobrepasa mi capacidad de soportarlo mental o físicamente. Escribo cuando tengo la certeza de que si no lo pongo en palabras, no lo exteriorizo, se pierde, se transforma, se diluye. Escribir es una manera de recordar, de retratar con fecha y hora -y palabras precisas- un instante que no quiero perder (o que quiero expulsar de mi ser).

Escribo de manera muy tajante, con palabras fuertes, como si todo fuese definitivo, como si todo pesase tanto como lo expreso, como si cayera y me asentara permanentemente en cada momento que describo. Así, parezco exagerada y de profundas convicciones, de banderas en alto, de camino bien marcado. Nada más alejado de la realidad (o de lo que yo creo que soy).

En un momento así, de confusión y desesperación personal, de no poder soportar el hecho de que el peso de las palabras que utilizo para escribir realmente signifiquen eso para mi, que realmente me hagan doler, o inquietarme tanto como para no poder conciliar el sueño, escribo. Elijo esta opción porque significa para mi un diálogo introspectivo que abandoné estos últimos años. Escribir -y escribirme- es, para mi, encontrarme.

Cabe decir que el devenir humano es relacional, contextual e histórico, así que lo que escribo no se agota en mi propia perspectiva cerrada, sino en vivencias que se filtran según el punto de vista en el que me pare. Encontrarme es, entonces, facilitar el contacto con los demás a mi alrededor, buscar, entender y tener presente ese punto en el que estoy parada y de allí prestar más atención a lo que digo, hago, expreso. Es un proceso que intenté realizar sin conocerme siquiera, asumiendo ridículamente que podría avanzar sin esa base.

Me veo condenada a vivir conmigo misma, con una persona que -al parecer- rechacé desde que tengo memoria. Una persona que se escinde en distintos ámbitos -yo, la estudiante, la trabajadora, la referente, la hermana, la hija, la amiga- sin terminar de ser. Ingenua, de parámetros estancos y dificultades para crecer. Si para relacionarme con los demás debo conocerme, y si para conocerme deba encontrarme, y si para ello deba escribir, acá estoy. Abandonarme ya no es una opción -me vi anexada a este cuerpo y personalidad-, así que hay que ponerse a trabajar.

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