Que el lente con el que se mira permea la perspectiva no es noticia. Lo inédito es que se me desvele el corazón -como siempre-, que se me funda el pecho -como siempre-, pero esta vez de alegría.
Esto tan bello de sentir, tan extremo de vivir, tan contagioso y expansivo, tan efímero, tan tan... Otra vez tan tan. Saltar de una punta a la otra a las zancadas representa mi mayor virtud y mi mayor defecto.
Que puedo ser una rajadura de frustración o un ente de profundo amor y grito ardiente lo sé. Que ambos se contagian, lo sé. Que debo cuidar a la gente a mi alrededor, lo sé. Que uno debe asumir las consecuencias de sus palabras, lo sé. Que debo ser más gris, que debo ser más gris, que debo ser más gris.
Sino, no hay negociación, ni tranquilidad, ni un panorama claro para tomar una decisión. Porque el lente -frustrado o alegre- permea la visión.
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